Dejé que se acabara el verano
y de su calor achicharrante
y su cielo azul infinito,
se quedó el sentimiento lejano
de tu mirada indiferente.
Te pregunto, ¿quererte es un delito?
Me pasó por encima el otoño
y de su perpetuo plomizo
y las hojas secas en el suelo,
persistió el respirar orondo
de buscarte estando escondido.
Si te encuentro, ¿me darías consuelo?
Me dejó enterrado el invierno
y de su frígido sosiego
y las noches sin insignias,
se grabó en mi carne el deseo
de que seas la musa de mis versos.
Si leyeras mis afanes, ¿qué sentirías?
Si pudiera ahora hablar sobre mí,
te expresaría mi necesidad
de vivir una época eterna
en la que el amor sin arder es febril
y el cariño tirita sin intensidad.
Me parece que le dicen "primavera".