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Quiéreme

Quiéreme, quiéreme como quieras quererme, pero quiéreme fuerte. Quiéreme como siempre he querido quererme, como nunca me he querido y como tal vez algún día me quiera. Quiéreme por todas las veces que no me han querido y solo han fingido quererme. Quiéreme y déjame quererte. Porque, aun queriendo quererme, no puedo hacerlo si tú no me enseñas. Déjame quererte aunque tenga que aprender a querer mejor, porque te quiero y quiero seguir queriéndote, pero aunque dicen que querer es poder, temo que tú no me quieras nunca, aun queriendo quererme. Yo te quiero, te quiero fuerte, te quiero bonito y te quiero querer bien.

Pero temo. Temo que no me quieras y que no me llegues a querer. Temo no quererte bien. Temo que temas que no te quiero, y le temo al temor de temer quererte. Temo que salga mal, temo llorarte y temo extrañarte. Temo algún día recibir tu adiós porque no me quieras mientras yo te quiero como a nadie quise. Temo no dormir por las noches pensando en si me quieres o no me quieres. Temo no dejar de temer nunca y temo no merecer tu querer por no dejar de temer. Temo tanto y, aún así, te quiero; temo tanto y, aún así, me arriesgo.

Quiéreme tanto que deje de temer y que todo salga bien. Que, entre tanto temor, gane el amor y, al final, en un altar y para siempre, te quiera y también me quieras.