Realidades. Siempre pedí un nuevo inicio, pero no de esta manera.
Entendí tu mensaje; finalmente lo comprendí: una simple verdad de no sentirme, escucharme o tan solo verme respirar. Lamento no darte el gusto de no detallar más, pero debo admitir que me hace falta valor para no quererme y matarme ya.
Ahora estás tú, SD, al que amaba —o creo aún amar—, quien haría un hechizo para no verme feliz nunca más. Eso no es amar, es traicionar. Es como ese vaso rebozado que está profundo, pero aun así decidí nadar sabiendo que me esperas para jalarme y llevarme a la profundidad, porque eso para ti es “amar”: nunca verme feliz individual.
Tantas palabras por gritar, pero este agotamiento por todo es más, más que yo, más que mis miedos, más que la verdad. Prefiero callar, hacerme la fuerte e interpretar lo que siempre he hecho en particular: sonreír falsamente, pues esta sociedad está llena de víboras con ansiedad.