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Recuerdo el momento exacto en que la idea se sembró en mí. Era una idea…

Recuerdo el momento exacto
en que la idea se sembró en mí.
Era una idea maliciosa,
peligrosa,
como una manzana podrida
que, aun así, deseaba morder.
Tal vez, si lo hacía,
podría intoxicarme,
dormir un rato
y hundirme en el pasto.
Aunque, claro, no contemplé el frío
ni el rocío helado sobre las hojas.
Era solo una idea fija,
una raíz punzante en mi cabeza.
Comencé a llorar.
El miedo se volvió constante.
No entiendo mi necesidad
de asfixiarme tanto,
de caminar corriendo,
sintiéndome atrapada.
Así se sintió huir.
Pero llegar a mi lugar fue hermoso.
Ese tipo de refugio
donde repetirías la misma canción
una y otra vez:
"The End of the World"
Estar en ese columpio,
perdiendo las horas,
me llevó a perder la cordura.
Fue una locura.
Algo que yo jamás haría
y que, sin embargo, hice.
Se siente como estar
extasiadamente rota,
con esa locura linda
mezclada con margaritas de un prado.
Un prado infinito.
Giros.
Y atardeceres plagados
de silencios desgarradores.
Quiero morir
y que mi alma quede atrapada
dentro de tu boca.
Don't they know it's the end of the world
It ended when I lost your love.
Recuerdo el momento exacto
en que la idea se sembró en mí.
Era una idea…