L

Recuerdos

Recuerdos
Me he quedado mirando la luz que se filtra por la persiana, esa línea pálida que corta la habitación en dos mitades exactas, y he comprendido que el silencio ya no es una ausencia, sino una presencia física que ocupa el lugar que antes te pertenecía. Es extraño cómo el tiempo se estira cuando no tiene donde sujetarse, cómo los días se vuelven una repetición de gestos automáticos: abrir las cortinas, mirar la calle, esperar un ruido que nunca llega. Las paredes parecen haber absorbido el sonido de tu voz y ahora lo devuelven convertido en una vibración sorda, algo que se siente en los huesos pero que no alcanza a convertirse en palabra.

Me muevo por la casa como quien camina por un escenario después de que la función ha terminado y las luces se han apagado para siempre. Todo conserva la huella de lo que fue, pero sin el alma que lo hacía real. Las sábanas están demasiado frías, el aire está demasiado quieto y los libros en la estantería parecen monumentos de un idioma que ya no sé leer. No es que te busque en los rincones, es que los rincones se han vuelto extraños sin tu mirada para definirlos.
Pienso en lo que queda cuando lo que amamos se retira: queda este rastro de arena, esta sensación de estar suspendido en un minuto que no termina de pasar. No encuentro consuelo en la memoria porque la memoria es un cristal que corta si se aprieta demasiado. Prefiero esta melancolía lenta, este cansancio de ser yo mismo sin que nadie me reconozca en el reflejo de la ventana. Las horas se suceden con una indiferencia que asusta, y yo solo acierto a ver cómo el polvo flota en el aire, bailando una danza invisible que es lo único que parece moverse en este mundo detenido.
Ojalá pudiera explicar la textura de este vacío, pero no existen términos para lo que se siente cuando el futuro se borra de golpe y solo queda este presente infinito, despojado de promesas. Me he acostumbrado a la sombra, a la falta de calor, a esta manera de respirar que no espera nada. Al final, somos esto: la estela de un barco que ya se perdió de vista, el rastro de una mano que se soltó en la oscuridad, un mapa que ya no marca ninguna ruta porque el destino ha dejado de existir.

Solo queda el espacio entre lo que fuimos y lo que nunca seremos, una grieta que se ensancha cada vez que intento recordarte.