Adivina de dónde renací:
de las cenizas que tiraste,
desperdiciaste.
Todo lo anterior a este momento
se quemó —
yo me encargué de ello.
Fui polvo,
fui calor.
Ahora me encargaré de recordarte
el sabor del hierro,
sangre en mi pecho —
haz el testeo.
Oh no...
oh no... creo que estoy molesto
de nuevo.
Oh no...
oh no... creo que odio
de nuevo.
Y ahora estoy solo,
pensando en todo lo que me estoy perdiendo,
todas las cosas que no puedo hacer
por tiempo o dinero.
Respiro
y repito:
“Todo a su tiempo.”
Bueno...
odio ello.
Quiero un cambio.
Quiero una emoción.
Quiero buscarlo,
aunque sé que está en Plutón.
No puedo llamarlo...
Me dijo:
“Es tiempo de olvidarlo.”
Siempre son así los bastardos.
Resignado y llorando,
volví a la tierra por un trago.
Uno, dos, tres... ya ni contarlos.
Mirando al cielo,
le grité a la luna:
“¡Maldita tu belleza impura!”
Cayó un rayo —
los muertos resucitaron...
Quedé impactado.
Mi etanol se transformó en adrenalina.
Oh no...
tengo que correr.
Oh no...
¡VOY A CORRER!
Dime que esto es una pesadilla
y que voy a despertar
ya.
Dime que no voy a morir,
y aunque lo quisiera,
tú vas a estar ahí.
Por favor, trata de mentirme.
Por favor, trata de no hacerme entender
que este va a ser el final,
que te voy a olvidar,
que voy a resucitar,
y que te voy a odiar...