Ruinas internas
La tristeza no avisa,
llega de golpe,
como una ola oscura
que no pide permiso.
Intentamos ignorarla,
esconderla entre pendientes,
entre risas a medias,
entre días que fingen estar completos.
Pero a veces…
simplemente arrasa.
Y entonces tienes que detenerte,
soltar lo que llevas en las manos,
sentarte en medio del caos,
respirar… aunque cueste.
Acomodar las ideas
antes de que todo dentro de ti colapse.
Porque si no,
te derrumbas justo ahí,
en el lugar más inoportuno,
donde nadie ve,
pero todo pesa.
Las piernas ceden,
como si hubieras caminado
kilómetros de recuerdos,
de silencios,
de cosas que no dijiste.
El aire se vuelve denso,
pesado,
como si respirar fuera un esfuerzo
y no un acto natural.
Y el pecho…
late con una presión extraña,
como si algo quisiera salir
y no encontrara la forma.
Los pensamientos
giran en círculos,
como buitres pacientes
sobre una mente cansada,
esperando…
esperando el momento exacto
en que decidas rendirte.