Si estoy fané
Si estoy fané, si la noche me pesó en los huesos y me dejó tirado en la sábana como un farol sin aceite, vos vení.
No me traigas luz de afuera, no me vengas con el sol en los bolsillos. Traeme esos dos faroles que tenés por ojos, esa luz que no alumbra para asustar, que no prende para mostrar lo que está roto.
Si estoy fané, si el disfraz me quedó grande, si la ciudad me comió el alma a mordiscos y me escupió seco en la vereda, mirame.
Mirame con esos ojos que saben que me gusta el mate amargo, que el café me deja el corazón acelerado, que a veces me escondo en el silencio porque hablar me cansa el alma.
Y en esa mirada, que no me pida nada, que no me exija que me levante, que no me diga que mañana será mejor. Que me deje estar hecho mierda, que me deje fané, pero a tu lado.
Porque cuando vos mirás así, las pequeñas cosas dejan de ser pequeñas. El ruido de la heladera a las tres de la mañana, la arruga de la sábana donde dormiste, el té que se enfría en la mesa porque nos quedamos hablando de nada...
todo eso se enciende.
Y yo, que estaba apagado, que estaba fané, vuelvo a ser luz. No la luz de antes, no esa luz de neón que fingía estar bien.
Otra luz. Más chiquita, más nuestra. Una luz que alcanza para ver que estamos acá, que estamos juntos, y que con eso ya está todo bien.