Si tú supieras cuánto lloré por tu ausencia,
te odiarías,
pero yo no podría odiarte.
Cuando fuiste punto y aparte
jamás intenté olvidarte.
Mis días de soledad parecían una eternidad,
sabía que volverías,
pero no podía esperar.
Volver a ser tu niña…
jamás entendiste cómo me sentí.
Me acostumbré a estar sin ti,
pero por dentro aún me desangraba.
Admítelo,
no pensaste en mí ni un segundo,
mientras yo, segundo a segundo,
me inundaba por dentro
esperando nuestro reencuentro.
¿Te importé?
No oías mi silencio.
Guardé tu recuerdo
y ahora intento olvidar
dónde dejé mi nombre contigo.
J