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Siempre admiré a quienes escriben sobre el amor, porque me di cuenta de que…

Siempre admiré a quienes escriben sobre el amor,
porque me di cuenta de que, hasta ahora,
nunca había escrito sobre él realmente.

Antes escribía sobre el enamoramiento:
las mariposas,
los latidos insistentes,
esa calidez que aparecía cada vez
que pensabas en alguien…
o quizá todo el tiempo.

Pero ahora entiendo
que el amor no era eso.
O al menos no solamente eso.

El amor también es complejo.

Es aquello a lo que quise renunciar
antes siquiera de comprenderlo.

Nunca quise necesitar a nadie.
Nunca quise cargar con la responsabilidad
de cuidar más allá de la amistad.
Y mucho menos quise que alguien me amara,
porque durante mucho tiempo
creí no merecerlo.

No quería un salvador de cuentos.
Quería aprender a estar bien
tanto en soledad como en compañía.
Pero mi yo del pasado no sabía cómo.

Y ahora estas palabras
pretenden ser idea,
pretenden convertirse en poema.

Aunque a veces me pregunto:
¿Quién leería un texto
que no hace más que hablar consigo mismo?
¿Acaso los lectores no buscan también
sentirse reflejados?

Tal vez algún día
este texto que hoy solo finge existir
encuentre alas
y decida mostrarse al fin.