Soltá el permiso y agarrá las ganas,
que el deseo no sabe de buenos modales ni de esperas.
No me digas "déjame", hacelo;
recorre cada centímetro de mi piel
y convertite en ese escalofrío que no pide permiso,
que llega, sacude y se queda a vivir en los huesos.
Quiero que seas ese insomnio necesario,
la razón por la cual el reloj se vuelve un enemigo
y la cama un campo de batalla donde el orgullo muere primero.
Sé la amante, la loca, la que no tiene medidas,
La que me quiere así, a lo bestia,
como si el mundo se terminara en el próximo suspiro.
Me pedís los ojos para verte, pero no hace falta;
mirate en el desastre que dejas cuando pasas,
el silencio que se llena de vos cuando te vas.
Y me pedís el amor para guardarlo,
cuidalo como la última gota de agua en el desierto,
porque te lo doy
para que lo lleves encima como una marca de fuego.
No me pidas permiso para amarme.
Vení y prendé fuego todo,
que de las cenizas nos vamos a encargar mañana
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