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​Soltá el permiso y agarrá las ganas, que el deseo no sabe de buenos modales ni…

​Soltá el permiso y agarrá las ganas,
que el deseo no sabe de buenos modales ni de esperas.
No me digas "déjame", hacelo;
recorre cada centímetro de mi piel
y convertite en ese escalofrío que no pide permiso,
que llega, sacude y se queda a vivir en los huesos.
​Quiero que seas ese insomnio necesario,
la razón por la cual el reloj se vuelve un enemigo
y la cama un campo de batalla donde el orgullo muere primero.
Sé la amante, la loca, la que no tiene medidas,
La que me quiere así, a lo bestia,
como si el mundo se terminara en el próximo suspiro.
​Me pedís los ojos para verte, pero no hace falta;
mirate en el desastre que dejas cuando pasas,
el silencio que se llena de vos cuando te vas.
Y me pedís el amor para guardarlo,
cuidalo como la última gota de agua en el desierto,
porque te lo doy
para que lo lleves encima como una marca de fuego.
​No me pidas permiso para amarme.
Vení y prendé fuego todo,
que de las cenizas nos vamos a encargar mañana