Soltar lo que dolía
Te quise con las manos llenas,
aunque las mías temblaban de miedo,
guardé silencios en los bolsillos
y llamé amor a lo que era invierno.
Pero un día miré mis heridas
y escuché mi propia voz,
esa que llevaba tiempo esperando
que eligiera mi corazón.
No todo lo que se queda es hogar,
no todo abrazo sabe cuidar,
hay puertas que se cierran llorando
para que el alma pueda respirar.
Hoy suelto tu nombre despacio,
sin odio, sin querer regresar,
porque aprendí que amar no es perderse,
ni romperse para que alguien se quede a amar.
Me voy con mis pedazos juntos,
con mi luz volviendo a nacer,
porque la paz que tanto buscaba
también podía vivir dentro de mí.