superhéroe
Te conocí cuando no quería ser vista,
cuando mi mundo estaba en modo avión
y yo no tenía ganas de explicarme a nadie.
No quería a nadie cerca,
pero vos aparecías
—con esa sonrisa
o con esa cara de culo tan tuya—
y algo en mí se acercaba solo.
No sé en qué momento pasó,
pero sentí que ya te conocía.
Me sentí cómoda.
Escuché mi risa mezclarse con la tuya
y por primera vez en mucho tiempo
no me sonó ajena.
Yo estaba negada,
convencida de que no merecía nada bueno.
Hasta que te conocí de verdad
y entendí que eras real,
sin fachada,
con valores que no se dicen: se viven.
Me dolió saber que ya eras de otra persona,
que alguien más ocupaba tus sueños,
pero aprendí algo ahí:
las personas lindas
vienen con cicatrices.
Y las tuyas
eran las más lindas.
No me importó escuchar cosas que dolían,
siempre te iba a escuchar.
Me hablaste de tu infancia
y sin darme cuenta
Te empecé a admirar
Por seguir,
incluso sin ganas.
Por levantarte cansado, triste,
con el clima en contra
y aun así avanzar.
Hoy acepto lo que me rompe un poco el ego:
sos difícil de olvidar.
Te quiero con todo el corazón
Aunque seas mí debilidad
Nunca vas a perder ese puesto:
fuiste consejero, compañero,
héroe sin capa.
Me devolviste las ganas de mejorar,
de sanar,
de mirarme con un poco más de cuidado
y de olvidar lo malo.
Sos mágico, genuinamente.
Y me duele que haya gente
que haya apagado tu brillo,
que no haya sabido verte como yo.
Para mí siempre vas a ser
todo lo lindo que construiste desde la tristeza.
Porque no hay fortaleza más grande que esa.
Siempre vas a ser
mi superhéroe favorito.
A
superhéroe