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Te escuché bostezar en el velorio Te escuché bostezar en el velorio. Supongo…

Te escuché bostezar en el velorio



Te escuché bostezar en el velorio.
Supongo que la empatía es mucho para pedir en algunas personas.
Pero eras mi amigo.
Incluso estando con vida, no me preguntabas porque andaba tan deprimido.
Y convertías esos días en peor de lo que ya eran.

Escuché llorar a mi grupo de amigos.
Esas lágrimas, esos llantos, esos gritos incomprensibles.
Creo que es de las pocas cosas que pueden causarle culpa a un suicida.
Muchos lo venían venir, leyeron mis poemas suicidas.
Otros se quedarán con las dudas del "¿Por qué?, ¿Cuando?, ¿Cómo?"

Escuché llorar a mis abuelos y tíos.
Me avergüenzo de haber lastimado el corazón tan frágil como puede ser el de un abuelo.
Y haber asesinado al personaje gracioso y fatalista con el que me conocían mis tíos.

Escuché llorar a mamá y papá.
Y lamento haberles causado tantos problemas no solo en vida, sino que ahora en muerte.
Prometo recibirlos con un cálido abrazo y unos mates si es que Dios me lo permite.
Y si el forro no me cobra el agua caliente.

Escuché llorar a mi hermano.
Mañi, te pido perdón.
Tanto por haber sido tu hermano y por haberte dejado con esa imagen tan gráfica.
Pero esa soga acabó con el agonico.
Y te aseguro que esa dulzura tan tuya hace falta en días tan cínicos como estos.
Solo deja de hablar en neutro, porque es la muerte garantizada del tímpano.

Y por último, me pido perdón.
Perdón a mi y a todos los perdones que nunca me hice.
La prioridad individual llegó cuando yo ya me había ido.