Te observo desde lejos, en silencio contenido,
como quien mira una casa donde nunca ha vivido.
Tus risas se elevan, ligeras, sin dirección,
mientras yo sigo esperando un poco de tu atención.
Una luz tenue me susurra: “no llores, resiste”,
pero hay preguntas en mí que el tiempo no asiste.
Si era tu niña, tu historia, tu todo, tu voz,
¿por qué crecí en la sombra preguntando por vos?
Fuiste soltando los hilos que me unían a ti,
y yo, con manos temblando, no los supe seguir.
Te di mi cariño sin medida ni freno,
pero en tu mundo caótico no encontró buen terreno.
Fui abrigo en tu invierno, fui calma en tu error,
mientras tú respondías con chispas de ardor.
Cubrí tus incendios, quise sanar la herida,
sin darme cuenta que ardía también mi vida.
Y hoy vuelves pidiendo lo que no supiste cuidar,
como si el tiempo no hubiese aprendido a pesar.
Pero crecí entre ruinas, armando mi ser,
con piezas que el tiempo me obligó a recoger.
Y aun con las grietas que dejaste en mí,
no guardo cadenas que me aten a ti.
No te devuelvo el fuego, ni el eco del rencor,
prefiero soltarlo… y llamarlo perdón.
-Hongo
H