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Te vi de lejos

Te vi de lejos
Te vi de lejos,
como se mira algo bello
cuando no se quiere romper su forma.
Llegaste en un tiempo
en el que no sabía abrirme.
Cuando al fin lo hice
y te ofrecí un lugar,
retrocediste.
Y pensé que no era para mí,
que no era yo.
Así que te di espacio.

Volví a mirarte desde lejos,
esta vez sin invitarte,
siguiendo mi propio ritmo,
como quien escucha su pulso
en lugar del ruido.
Entonces apareciste otra vez,
con más presencia,
con señales más claras.
Pero ya había aprendido
a convivir con tu ausencia,
y ese ir y venir
me hizo detenerme.

Llegaste cálida,
sutil,
abierta,
disponible.
Y aun así decidí reservarme
caminé despacio hacia atrás,
aunque el cuerpo
quisiera ir hacia ti.
No era el momento.
No así.
No desde la confusión.

Pasó el tiempo.
Hubo idas y vueltas fuera de nosotros
Y de alguna forma,
seguías ahí y de algún modo,
aquí conmigo.
Es extraño cómo alguien puede quedarse
sin estar del todo.
Había duda,
y aun así, fuego.
Algo que me llamaba
sin saber cómo nombrarlo,
como una llama baja
que se niega a apagarse.

Aún lo siento.
Pero ahora es distinto,
Quizá hoy podría acercarme
sin forzar nada,
a un ritmo tranquilo,
honesto.
Tal vez seas una excepción.
Tal vez algo que me atraviese.
Quizá nos hagamos daño.
Quizá sea hermoso
y filoso al mismo tiempo.
Pero siento que podría intentarlo.
Por ti.
Si me dejas.

Podría aprender a decir tu nombre
de muchas formas,
hacerte sentir única
sin prometer lo imposible.
Si me dejas,
podríamos ser equipo.
Y quizá,
uno solo.