Todavía no salgo, pero ya estoy mirando la puerta
No fue de un día para otro.
Nadie vino a rescatarme
como en los cuentos.
La oscuridad seguía ahí,
sentada conmigo,
como si ya tuviera nombre.
Pero algo cambió.
No sé si fue el cansancio
de seguir siendo la misma,
o el peso de todo lo que callé
que ya no cabía en mi pecho.
Empecé a darme cuenta
de que no todo era destino,
que algunas de mis heridas
también eran decisiones.
Y dolió.
Duele más cuando entiendes.
Porque ya no hay excusas,
ni a quién culpar en silencio.
Solo quedo yo,
frente a todo lo que fui,
y todo lo que evité ser.
Aún me cuesta salir.
La comodidad sigue hablándome bonito,
como si cuidarme fuera quedarme igual.
Pero ya no le creo del todo.
Ahora, al menos,
sé que hay una puerta.
Y aunque todavía no la cruce,
ya no camino en círculos
sin saber que estoy perdida.
Tal vez esto no sea libertad,
pero se parece un poco
a dejar de rendirme.
N