Todo parece ir bien,
todo en mi día va al cien.
Saludo, río, juego,
y luego se acaba mi sosiego.
Cuando ya no hay con quien hablar,
conversar, dialogar o disertar,
cuando no hay con quien disfrutar,
aparece sin preguntar.
En las noches, cuando voy a dormir,
me recuesto en mi cama al fin,
veo el techo sin un sentir,
pensando en mi existir.
¿Por qué me siento así?
Me pregunto antes de dormir.
¿Por qué no me siento bien?
Le pregunto a mi ser.
Siento un vacío en mi alma,
siento monotonía en mi calma,
un aburrimiento mortal,
una rutina sin final.
Lo veo todo tan igual,
no hay cambio actual.
En mis noches solo deseo llorar,
y no hay motivo real.
¿Lloraré ahora porque me siento en paz,
ya que antes mis lágrimas escondía sin más,
esperando no preocupar a los demás,
ahogando mis penas por los demás?
No lo sé y me siento fatal.
¿Por qué ahora vengo a llorar,
si todo en mi vida va genial?
¿Por qué no puedo dormir sin sollozar?
Luego pienso en contárselo a alguien,
pero siento que siempre hablo de mis problemas,
así que de nuevo ahogo mis penas,
con miedo a cansarlos de mis dilemas.
Quizá por eso, cuando todo va bien,
de la paz que siento empiezo a sollozar.
Quizá por eso, cuando hay silencio,
un vacío en mí llego a encontrar.