"Un cielo sin nombres"
Durante mucho tiempo pensé
que yo era la luna.
No por hermosa.
Sino porque aprendí
a vivir rodeada de oscuridad.
A aparecer en silencio.
A esconder partes de mí.
Quise llamarte Sol.
Porque brillabas.
Porque, al verte,
sentía que la vida encontraba un poco más de luz.
Pero el Sol nunca duda de su brillo.
Y tú sí.
Tenías sombras.
Silencios.
Miedos.
Y creo...
que eso era lo que más amaba de ti.
Nunca fuiste perfecto.
Eras humano.
Entonces pensé
que quizá eras una estrella.
Pero tampoco.
Las estrellas llenan el cielo,
se apagan,
vuelven a brillar
y hacen de la noche un lugar hermoso.
Hay miles de ellas.
Y tú...
Tú nunca fuiste uno entre miles.
No quiero llamarte Sol.
No quiero llamarte estrella.
Porque ningún astro alcanza
a decir quién eras para mí.
Solo sé
que yo seguía siendo la luna,
y que,
bajo el mismo firmamento,
siempre terminaba encontrándote.
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