Un Día Entre Tormentas y Familia
Dormía tranquila en mi habitación,
sin sospechar ninguna complicación,
cuando el alba me despertó deprisa,
pensando que el trabajo no daba más prisa.
Salí de mi cuarto con preocupación,
creyendo escuchar una voz en acción,
mas no era mi tío quien vino a llamar,
era mi hermana que acababa de llegar.
La noche la había logrado vencer,
y apenas su rumbo podía entender,
sus amigos la dejaron y fueron a partir,
pues mi casa fue el lugar que logró distinguir.
Quiso irse sola sin poder pensar,
y tuve a su lado que acompañar,
porque a veces el cariño es un farol,
que ilumina el camino bajo cualquier sol.
Llegaron reclamos, enojo y dolor,
palabras amargas nacidas del rencor,
las puertas temblaron en aquella ocasión,
mientras la tristeza ocupaba el salón.
Luego fui al trabajo con mi obligación,
llevando guardada toda la situación,
y entre lluvia y almuerzo de aquel mediodía,
la historia seguía su travesía.
Mi hermana volvió con mejor expresión,
más calma en el rostro y en el corazón,
nos invitó a todos a compartir,
una tarde sencilla para sonreír.
Hubo pescado, recuerdos y unión,
familia reunida en conversación,
y hasta por limones fuimos a caminar,
para de los problemas un poco escapar.
La tarde se fue despidiendo despacio,
llenando de sombras cada espacio,
y cuando la noche comenzó a caer,
el silencio empezó a prevalecer.
Cada quien volvió a su propio lugar,
guardando recuerdos para recordar,
y ahora en la calma de esta habitación,
revivo las horas con el corazón.
Porque hay días extraños que dejan lección,
mezclando tormenta con celebración,
y al final comprendes, sin explicación,
que la familia siempre será bendición.