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"Un día la tenía, y al siguiente día ya no" Mamita Rosa, mi Mita santa: Han…

"Un día la tenía, y al siguiente día ya no"


Mamita Rosa, mi Mita santa:

Han pasado 6 años desde que te fuiste y todavía hay días en los que mi corazón sigue esperándote.

A veces me descubro pensando que todo fue una pesadilla muy larga y que en cualquier momento sonará el teléfono para decirnos que ya estás mejor, que podemos ir a recogerte y llevarte de vuelta a casa. Sé que eso no va a pasar, pero hay una parte de mí que sigue aferrada a esa esperanza porque perderte fue demasiado doloroso.

No lograste verme graduarme de bachiller.

No lograste verme obtener todos esos títulos, certificaciones y reconocimientos que con tanto esfuerzo he conseguido.

No lograste verme crecer.

No lograste verme convertirme en el hombre que poco a poco estoy intentando ser.

Y ahora tampoco podrás verme coronar mi carrera universitaria.

Me duele porque tú eras la persona a la que más quería darle esas alegrías. Siempre imaginé enseñarte mis diplomas, contarte mis logros y ver esa sonrisa orgullosa que solo tú sabías darme.

Mamita, te extraño más de lo que las palabras pueden explicar.

Todavía recuerdo la última vez que te vi en aquel hospital.

Y quizás lo más cruel de todo fue cómo ocurrió.

Porque el 30 de mayo, Día de las Madres, todavía pude verte.

Todavía pude llegar hasta donde estabas.

Todavía pude acercarme a ti y decirte:

"¡Feliz Día de las Madres, Mita Rosa!"

Todavía estabas aquí.

Todavía podía escucharte.

Todavía podía mirarte.

Todavía podía creer que ibas a volver a casa.

Jamás imaginé que esas serían las últimas palabras que te diría en toda mi vida.

Jamás imaginé que aquella sería la última vez que vería tu rostro.

Y menos de veinticuatro horas después, cuando apenas comenzaba a amanecer el 31 de mayo, me estaban diciendo que te habías ido para siempre.

Que habías sufrido derrames.

Que después de 2 infartos tu corazón ya no pudo más.

Y así, de un momento a otro, mi mundo se detuvo y comenzó a derrumbarse y desde entonces no he logrado reconstruirme por completo porque cada vez que logro avanzar luego te recuerdo y me derrumbó de nuevo

Por eso cada 30 de mayo y cada 31 de mayo siguen siendo tan difíciles y dolorosos para mí.

Porque mientras todos celebran el Día de las Madres, yo recuerdo la última vez que vi a la mujer que para mí fue una madre.

Porque tú no eras simplemente mi bisabuela paterna.

Tú eras mi mamá.

Mi mamita santa.

Mi refugio.

La única persona que jamás me juzgó.

La única persona que me amó exactamente como era.

Y cuando te fuiste, sentí que me arrancaron de raíz el único lugar seguro que tenía en este mundo.

Un día te tenía.

Y al siguiente día ya no.

Así de simple.

Así de cruel.

Así fue como lo viví.

Te vi entrar a un hospital y nunca pude volver a verte salir.

Después llegó la pandemia.

Llegaron las restricciones.

Llegó el miedo.

Y cuando te fuiste, ni siquiera pude despedirme de ti.

Aquel día llovía fuerte.

Dijeron que era mejor que yo no fuera porque podía enfermarme.

Dijeron que era peligroso.

Tu ataúd salió sellado del hospital y fue llevado directamente al cementerio.

Y yo me quedé esperando.

Esperando un último abrazo.

Esperando una última mirada.

Esperando una despedida que nunca llegó.

Tal vez por eso todavía me duele tanto.

Tal vez por eso todavía lloro.

Tal vez por eso una parte de mí sigue buscándote.

Durante cinco años te busqué en silencio.

Pregunté.

Investigué.

Busqué respuestas donde nadie quería dármelas.

Y finalmente descubrí dónde estás.

Después de cinco años por fin logré encontrarte.

Pero aunque ya sé dónde estás, todavía no he podido ir a verte.

He intentado hacerlo.

He salido con la intención de llegar hasta ti.

Pero cuando me acerco al cementerio y veo la entrada, mi mundo se derrumba por completo.

Siento que no puedo avanzar.

Siento que me falta el aire.

Siento que las piernas ya no me responden.

Porque llegar hasta tu tumba significaría confirmar algo que una parte de mí todavía se niega a aceptar.

Todavía existe dentro de mí una pequeña esperanza.

La esperanza de que algún día vuelva a sonar el teléfono.

La esperanza de que me digan que ya estás bien.

Que todo fue un error.

Que puedo volver a verte.

Que puedo correr hacia ti.

Abrazarte fuerte.

Llorar en tus brazos.

Y llevarte de vuelta a casa.

Sé que parece imposible.

Sé que no tiene sentido.

Pero esa esperanza ha sido el hilo del que me he sujetado durante todos estos años.

Y entrar a ese cementerio significaría dejar morir para siempre la última esperanza que me queda de volver a verte.

Por eso todavía no he encontrado la fuerza para hacerlo.

Si hubiera sabido que aquella noche en el hospital sería la última vez que te vería, te juro que te habría abrazado tan fuerte que jamás habría querido soltarte.

Todavía me duele no haber sabido que era una despedida.

Todavía me duele no haber tenido una última oportunidad.

Todavía me duele no haber podido decirte todo lo que significabas para mí.

Y quizás también por eso odio y me duelen tanto las rosas.

Porque no son solo flores.

Las rosas tienen tu nombre.

Las rosas son tú.

Cada vez que veo una rosa, pienso en ti.

Pienso en tu voz.

Pienso en tus abrazos.

Pienso en tus consejos.

Pienso en el amor tan inmenso que me diste.

Y entonces recuerdo que ya no estás aquí.

Por eso me cuesta aceptarlas.

Porque me recuerdan a la persona más importante que he perdido.

Porque me recuerdan a ti.

Y aunque hayan pasado seis años, todavía hay días en los que duele exactamente igual que el primero.

Mamita...

Gracias por haber sido mi hogar cuando el mundo me parecía demasiado difícil.

Gracias por haberme amado sin condiciones.

Gracias por haber sido mi refugio.

Gracias por haber sido mi mamá cuando más necesité una.

Dondequiera que estés, quiero que sepas que sigo siendo aquel niño que corría a buscarte cada vez que necesitaba amor.

Y aunque hayan pasado seis años, sigo llamándote igual que siempre:

Mi mamá.

Mi mamita santa.

Mi Rosa.

Te amo hoy.

Te amo mañana.

Y te amaré hasta el último día de mi vida.

🥀❤️

Con amor,
Neythan Uriel Medina González