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una loca

una loca
Érase una vez una loca,
como una rosa vieja
maltratada por los vientos de otoño.
Tenía el alma andrajosa
y el corazón vacío y hambriento,
de instantes que jamás vivió.
Hacía muchas épocas
agotó los materiales,
para confeccionar sus propios sueños,
por eso diariamente
acudía al basurero de la ciudad
y llenaba sus bolsillos
con sueños rotos
que alguien más había desechado.
Al volver a su miserable casucha,
los reparaba,
cosía sus fragmentos con rayos de luna,
cerraba las rasgaduras con trozos de nubes,
después se dirigía al rio,
donde los lavaba con pétalos de rosa
y agua impregnada con luz de estrellas.
Así cada noche se nutría de primaveras
y rejuvenecía con momentos robados
que no fueron creados para ella.
Como toda loca,
era un espíritu libre, se asfixiaba
con el peso de los reglamentos.
Una noche, se enamoró
de un misterioso habitante,
de sus sueños reparados
que era la sombra errante de un amor perdido.
Lo incorporó a su mundo,
lo transportó a su realidad,
pero él no podía existir fuera de la dimensión onírica,
porque era solo difuso vestigio,
de un lejano ayer
y al hacer contacto con la atmosfera,
desapareció como cenizas esparcidas por el viento,
se evaporó en la niebla.
Ella lo buscó en la incierta realidad de cada sueño
y en el ficticio ensueño,
de cada realidad,
pero no lo encontró.
Entonces dejó que el dolor la envolviera
con sus lacerantes abrazos
y se le escapó la vida, por las heridas abiertas,
de su pena de amor.
El frío invierno la transformó en un árbol marchito,
sus ramas secas, semejaban delgados brazos,
que intentaban alcanzar la inmensidad del cielo,
sin poder lograrlo jamás.

LYDIA ISABEL ARAUZ BUITRAGO.
ESTELI NICARAGUA.
una loca
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