Me ahogo al no decirte lo que siento,
al no poder declarar lo mucho que te quiero,
que por un beso de tus labios yo me muero.
Además, no tengo las palabras suficientes para expresar,
pues aquellas flores de cerezo se encontraban lejos de mis versos.
Y puede que el calendario tenga trescientos sesenta y cinco días,
pero no me atrevo a decir todo lo que pienso.
En consecuencia, soy tímida, pues eso tú lo puedes ver.
Maldito sea el destino,
que no creyó conveniente que compartiéramos caminos.
Malditos relojes que no se detuvieron,
aunque nos faltara tiempo.
Y lo peor de esto es que, por más que te escondas,
apareces en cada canción y melodía suave.
Tú siempre resplandeces,
y yo te veo desde acá con miedo
de que, si me acerco, como el sol, me llegues a quemar.
Todas estas palabras son pocas para mí.
En efecto, si estuvieras al frente mío,
te diría todo lo que no alcancé a escribir.