Voces en la madrugada
Después de años de silencio, volviste.
No en la vida, sino en ese lugar donde la mente no miente: el sueño.
Apareciste en mi casa, en un espacio que nunca pisé contigo,
como si el pasado se hubiera colado por una puerta que ya había cerrado.
Estabas distinto. Más alto, más delgado, como si el tiempo te hubiera tallado de otra forma.
Solo tu sonrisa se negaba a cambiar. Seguía siendo la misma trampa.
Yo recogía ropa, me movía rápido, como quien intenta borrar huellas.
Mis hermanos estaban ahí, y tú hablabas con uno al que nunca conociste.
Todo se sentía fuera de lugar.
Mientras más te acercabas, más me encogía.
Te evitaba sin decirlo, porque decirlo habría sido admitir que aún me importaba.
Subí a mi cuarto creyendo que ahí te perdía.
Pero subiste.
Y soltaste un chiste, ligero, como si no hubieras dejado nada roto atrás.
Quise llorar. Me contuve.
Te miré a los ojos buscando la respuesta que nunca te pedí,
y justo cuando iba a romper el silencio… me desperté.
Eran las 3 de la madrugada.
Y tu rostro se quedó pegado en la oscuridad, más real que el recuerdo.
Creí que te había soltado.
Creí que ya no quedaba nada de ti en mí.
Pero si fue así, ¿por qué sigues entrando en mis sueños como si tuvieras permiso?
Así que te lo pregunto a ti:
¿por qué me buscabas?
Y me lo pregunto a mí:
¿por qué te evitaba?
🐼
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