C

VOLUTAS DE CIELO VERDE

VOLUTAS DE CIELO VERDE
Intento dejarme llevar por el escandaloso sueño,
y mi mente orbita un espacio
en el límite del tiempo y la materia,
donde una verja se manifiesta
y me deja claro que puedo decidir.

Prefiero estar allí con él.
Prefiero irme con él.
Déjame ir con él.

Pequeñas bolitas de polvo trascienden.
Su mirada es casi caótica,
resplandeciente,
inefable.

Me mantiene sumisa
en una suspensión temporal,
entre el índice y el final.
Existen monstruos a ambos lados;
preferiría mantenerme aquí.

La singularidad me engulle,
alejándome del prisma del horizonte.
Estoy bien aquí.
Encontré paz aquí.

Que se cierre el portón
y se aleje de mí.
No volveré.
No quiero irme de él.

Noto el verde de sus ojos,
apenas accesible a la mirada.

Permanece difuso
en los bordes de mis párpados.
Me observa,
se detiene,
justo para susurrarme.
Su voz melodiosa
elimina todo lo que quise antes,
extermina lo demás,
y su anhelo me atrae hacia él.

Mis ojos se afinan,
su reflejo se detiene.
Le regalo una sonrisa
y siento cómo ciertas partes de mi cuerpo
se recomponen.
Sanan.
Heridas vagamente entretejidas
se cierran por completo.

Y esta vez —
esta última vez—
desciendo a los pilares de la creación
y admiro cómo el polvo me abraza:
bolitas doradas me sostienen.
Él me dedica una sonrisa
llena de lágrimas.

Me sostiene.
Yo lo sostengo.

Me tiene.
Yo lo tengo.

Me quiere.
Yo lo quiero.