volver a casa
Nos sentamos frente a frente
como si el tiempo hubiese sido una mentira mal contada.
Dos meses no fueron meses,
fueron apenas un parpadeo distraído del universo.
Tomábamos mate
y entre chismes y risas
se nos olvidó la distancia,
pero no el vacío.
Yo sí recordaba cuánto te extrañé.
Lo llevaba guardado en el pecho
como quien guarda una carta que nunca se anima a romper.
Miré tus ojitos verdes,
ese lugar donde siempre supe descansar,
y por un instante
volví a sentirme en casa.
Tu sonrisa…
esa sonrisa de enamorado que conozco de memoria
me dio una paz
que no sabía que todavía me pertenecía.
Y bajé la guardia.
Sin miedo.
Sin estrategia.
Sin orgullo.
Solo fui yo,
cómoda,
segura,
como si mi corazón reconociera el camino de vuelta.
Quedamos en ir lento.
En hacerlo bien esta vez.
Pero qué difícil es caminar despacio
cuando sabemos lo intenso que puede arder nuestro amor.
Porque no somos tibios.
Nunca lo fuimos.
Nos amamos como tormenta,
como incendio,
como si el mundo pudiera acabarse mañana.
Y ahora intentamos aprender
a ser brisa.
A ser paciencia.
A no correr.
Pero si algo entendí esa tarde
es que el tiempo puede separarnos,
puede dolernos,
puede enseñarnos…
pero no puede borrar
la sensación de hogar
cuando tus ojos me encuentran.
--LB
L