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Le he encontrado el gusto,
el disfrute a los segundos,
a esta vida apresurada
que ahora vivo en calma.
He contemplado el cielo,
como en aquella época
en la que fui feliz.
Como ahora: es el mismo, sigue intacto,
aunque no sea el mismo horizonte.
Ahora entiendo la delicadeza de las cosas.
He aprendido a fluir con la corriente,
como una hoja sobre el río,
como una voz en el vacío.
Así la vida: simple, como el agua.
Una vez, una tormenta.
Una vez, un rayo que tumbó un árbol.
Una vez, un árbol que cayó al agua y no se hundió.
Una vez, un árbol que aceptó su destino,
que flotó,
que fluyó.
En las orillas del río por el que fluyo,
la vida marca su ritmo.
Yo sigo el mío.
He aprendido a respirar,
a no hundirme,
a flotar.
No importa el destino,
ese estuario donde las aguas se mezclan,
donde algo pequeño termina
y algo más grande comienza.
Yo, el que soy,
disfrutaré el recorrido,
sin mirar atrás.