Ya de tantas caídas no siento dolor,
después de tantos golpes no muestro expresión.
Pero siempre que escucho un sermón
también siento cómo mi corazón se quiebra.
Apenas tengo quince años
y ya mi corazón está herido,
no por amores ni amistades,
sino por quienes viven conmigo.
Me juzgan sin parar
y luego me hablan bien
solo cuando quieren algo
que les pueda convenir también.
No me siento entendida,
no me siento querida,
y ahora solo deseo dormir,
huir de esta realidad
y olvidarme de todo lo demás.
Quisiera llorar de una vez,
poder desahogarme como debe ser,
pero ya ni eso puedo hacer.
Me rompe el corazón ver tanto dolor,
y lo quiebra aún más pensar
que quizá lo causé yo.
Aunque fue un problema pequeño
que se podía resolver,
solo escuchan excusas
sin pensar que por dentro
mi corazón puede doler.
Y aunque parezca fuerte
y diga que no me importa lo que dicen,
en mi interior lloro
hasta que mis pensamientos se deshacen.
Solo deseo refugiarme
en un sueño infinito,
distraerme un momento
y volver a ser feliz un poquito.
Quisiera llorar con alguien
sin sentirme mal,
solo necesito un poco
de seguridad.
Solo deseo a alguien
que no me vaya a herir,
alguien bueno
que no se vaya a ir.
Pero a este paso
parece que nunca va a venir.